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México: Experiencias y Recomendaciones
 

 

San Pedro Martir, Baja California (Daniel Morales)

 

 

 

 

 

 

 

Rodar Baja California (Diciembre 2002)
País: México

Día 1. Ensenada-Maneadero-La Joya (camino a la Bufadora), 63 km.

Estoy en Maneadero, al sur de Ensenada y son las siete y media de la mañana. Despertamos frente al mar. Llegamos aquí anoche, como a las nueve. El viaje en avión estuvo interesante, sólo que tenía mucho sueño y me dormí un rato. Hubo escala en Zacatecas. A las 12:30 del DF y 10:30 de acá ya habíamos aterrizado y teníamos boleto para ir de Tijuana a Ensenada. Hicimos 2 horas y vimos una película (la Célula). El camión costó 110 y se abordan justo en el aeropuerto.

Salimos de la central a armar las bicicletas en la calle. Y un bombero sin uniforme (el capitán Figueroa) nos hizo plática, nos ofreció trabajar (armar) en su taller (porque ahora está retirado) y hasta nos compró un refresco. Nos dijo donde comer y fuimos para allá y nos dio una tarjeta, unos tornillos y hasta unos consejos.

Pedaleamos desde Ensenada hasta Maneadero (como dos o tres horas) y luego hacia este campamento. El dueño, don Alejandro (hijo de rusos) nos regaló tamales y frijoles para la cena. (90 pesos por dos personas, campamento La joya). El camino de Tijuana a Ensenada es junto al mar, pero luego se separa. El tráfico ha estado pesado. Pasamos a comprar comida y agua en Maneadero y a un cajero. La gente se porta muy amable.
Almuerzo 50, fruta 25, campamento 50, cena 50.

Día 2. La joya-la Bufadora-El Palomar. 50 a 60 Km.

Aprovechando el baño para enjuagarnos, subimos nuestras cosas en las bicis y salimos a visitar la Bufadora. Lo más impresionante es el sonido que hace el agua al chocar con las rocas. La "Bufadora" no está sobre la carretera sino a 21 Km. y junto al mar. De regreso vimos muchas cosas que no pudimos apreciar anoche porque estaba ya oscuro, a las seis (como allá cuando son las ocho). Y vi que es un lugar muy vacío, y la mayoría de la gente es de EU. Recorrimos 21 Km. para tomar la carretera hacia el sur. A través de los valles vinícolas llegamos a descansar al campamento Palomar. Aproximadamente recorrimos un total de 35 km. sobre la transpeninsular.

Día 3. El Palomar- Díaz Ordáz (entronque a San Pedro Mártir). 91 km.

¡Bueno días! Son las 11:30, ya comimos cosas (fruta, barras, agua, tamales) pero ahora vamos a desayunar; estamos en San Vicente Ferrer, un pueblo con un sitio donde hay restos de lo que fue la misión más importante (dominicos). De campamento Palomar a este lugar son 40 Km. (cinco horas). Salimos a las seis de la mañana con un poco de frío, pero ha estado muy interesante el camino, muy pesado en algunos tramos, tráfico de camiones y camino estrecho.

Dormí un poco al medio día y volvimos a pedalear un rato muy largo, 50 Km., hasta donde pudimos porque se nos hizo noche; oscurece muy pronto, a las seis parecen las ocho y ya no se ve. No llegamos a donde creíamos que estaba un lugar para dormir, en la desviación hacia San Pedro Mártir. Nada. Llegamos ya noche a una gasolinera y ahí compramos café y otras cosas. Ahí estaba Lorenzo y nos preguntó y le explicamos que onda: estábamos buscando un lugar para dormir y no veíamos donde podría ser por lo tarde. Y que dice que nos podíamos quedar en su patio, y pues aceptamos. Lorenzo nos dejó acampar en su casa (afuera eh!) y hasta nos llevó con su vecino para que le preguntáramos sobre lo que se puede comer y en donde dormir al subir la sierra. (Al siguiente día nos dimos cuanta que faltaron muy pocos kilómetros, unos cuatro, para entroncar con el camino a San Pedro M). Me tardé en dormir porque tuve que arreglar una llanta que se pinchó.

Día 4. Entronque-Rancho Melling. 50 km.

Levantamos nuestro campamento, hicimos nuestra maleta y le dejamos unas cosas encargadas al señor, para no subirlas al cerrito. Sólo hay un camino de terracería hacia el parque de San Pedro Mártir. El camino comienza plano y asfaltado, pasamos varios terrenos y ahí tienen caballos.

Subimos, subimos, subimos y subimos. Poco a poco fuimos adentrándonos en la sierra, en los valles que hay en medio de las montañas. Cada vez hay menos gente y poco a poco nos vamos cansando mucho. El paisaje facilita la concentración, ayuda a evitar la monotonía.

Pasamos un arroyo y luego los valles y unos tres pueblitos, nada más. La subida es demasiado pesada en ciertas partes. Nos cansamos mucho al subir, el calor, el esfuerzo, el peso, y además se nos hizo noche; hasta las siete llegamos al rancho Melling, (a la ½ de la subida) y ya estaba un poco desesperado. Es pesado andar con bicicleta cuando ya está oscuro.

Hoy ya cenamos y dormimos (dormiremos) muy bien porque resulta que el rancho Melling es como un albergue, con comedor, cuartos, agua caliente y otros etcéteras (El rancho Coyote también ofrece alojamiento, es uno de los proyectos ecoturísticos miembros de RENDRUS (red nacional de proyectos de desarrollo rural sustentable). Y como ya cenamos y tengo mucho sueño ya me voy porque ya es hora de dormir y de bañarme (que mucha falta me hace). (Tenemos una chimenea en el comedor y una fogata. Bueno, si sigo escribiendo me duermo y me voy de cuernos en la mesa.

Día 5. Melling-San Pedro. 27 km.

Subimos 27 km más de la Sierra de SPM, y en ello ocupamos la mayor parte del día porque anoche nos quedamos dormidos cansados y bien cenados, nos levantamos hasta las 9:30 hoy, almorzamos rebien y con calma y después nos alistamos y salimos. Ha sido interesante ver como cambia la vegetación cuando vamos subiendo. El camino es igual o más pesado que antes, el día se pasó tratando de acercarnos al observatorio, sin lograrlo, faltaron 20 kilómetros de subida.

A la puesta del Sol llegamos a la caseta de la comisión (brigada) de incendios y como no hay nadie tomamos prestada una casita que estaba abierta y vacía. Lo de la vegetación me refiero a que al subir van apareciendo pinos, poco a poco hasta que son mayoría, pero también va en aumento el frío.

Esa noche llovió, afortunadamente estábamos dentro de la cabaña, pero si nos enfriamos mucho. La posibilidad de encontrarse con un puma no es demasiado lejana, crea cierta intranquilidad.

Día 6. San Pedro- Hacienda Sinaloa. 67 km.

Despertamos con mucho frío (y también cuando nos dormimos hizo mucho frío...) en medio del bosque. Desayunamos fruta y pan que llevamos, luego empezamos a recoger las cosas. Mientras, pensamos si subir otros 20 km o regresar. Como se empezó a despejar empezamos a subir, pero como a los 20 minutos volvieron a parecer las nubes, muchas, y decidimos correr para abajo. Más nos valía porque podía nevar, y si nevó. Apenas bajamos a tiempo, de haber estado en medio de la nevada no habríamos podido subir más y habría sido sumamente riesgosa la bajada. Lo que habíamos subido en todo el día anterior lo bajamos en medio día. Regresamos al rancho Melling por algunas cosas, y todavía nos dieron café, muy reconfortante.

Acomodamos lo que recogimos y volvimos a la bajada. Todo iba bien hasta que se hizo de noche y empezó el frío, y además nos llovió en el camino. Como no se veía bien, nos bajamos de la bicicleta y empezamos a caminar (antes de la lluvia se había ponchado una llanta, pero no fue grave). Después de mojarnos un rato pasó una camioneta y afortunadamente nos llevó al siguiente pueblo, Hacienda Sinaloa (a 20 km de la salida) y ahí nos quedamos a dormir, no pudimos salir de la sierra en esas condiciones. Tuvimos que dormir mojados y llenos de lodo, no hubo baño ni un poco de agua. Desgraciadamente caminamos un poco fuera del camino, en un suelo arcilloso completamente pegajoso, terrible error. Se ensuciaron las bicicletas a más no poder, lo pagamos al siguiente día. No tuvimos a la mano agua ni ropa seca. Aunque dentro de una casa vacía, y ya no nos mojamos más, no descansamos bien.

Día 7. Hacienda Sinaloa- Díaz Ordaz. 67 km.

Por fin salimos de la sierra, pero fue complicado, tuve una falla grave en la bici. Se reventó la cadena por las piedras que se le pegaron con el lodo, la bici de mi compadre estuvo cerca de lo mismo. Un compa del DF nos sacó al camino en camioneta, por suerte. En el taller de Díaz Ordaz se remplazaron ambas cadenas y mi desviador porque el original reventó. Comimos tacos y todo lo demás del día lo descansamos. Por la noche, bastante fría, nos volvimos a dormir en el terreno de Lorenzo.

Día 8. Díaz Ordaz-desierto. 123 Km.

Lorenzo nos hizo un flete en camioneta, desde su poblado hasta el Rosario y nos adelantó 1 día. Lo pagamos con la intensión de recuperar tiempo respecto al plan, ese tramo en bici habría sido cómodo, sin muchas variaciones de pendiente y con vista a la costa. El kilometrador dice 65 kilómetros hoy. Desde El Rosario la carretera se mete (estamos cerca de la costa) hacia el centro de la península y los oasis. Después de la montaña que subimos los días pasados, se presenta un recorrido por el desierto rocoso. [Hay un banco Banamex en Vicente Guerrero, entre Camalu y el Rosario, con cajero automático].

Nos dispusimos comprando el agua reglamentaria y comida salada, y salimos con la perspectiva de acercarnos a Cataviña, ¡120 Km. adelante! Una pinchadura en el puente (a la media hora de comenzar a pedalear) empezó a disminuir el empuje ese día. Luego de unas cuantas horas decidimos acampar en medio del desierto, justo antes de caer la noche. No llegamos ni a Guayaquil. Hay mucho menos tráfico, porque los camiones circulan de San Quintín hacia el norte, para llevar las hortalizas a EU. Mucho, mucho frío.

Día 9. Desierto-Cataviña 50 Km. aproximadamente.

A unos 16 Km. del campamento, 46 al sur de Rosario, está un café llamado El Sacrificio, es propiedad de los dueños de un rancho con el mismo nombre. No hay lugar más pertinente para comer o almorzar después de haber dormido en el desierto. ¡Y lavarse la cara y manos con agua limpia es una bendición!

El camino es de subidas y bajadas pronunciadas, y viento frío. A partir del restaurante-café el terreno es más plano y la carretera permanece casi vacía. Ya estamos propiamente en el desierto rocoso. Aunque el paisaje natural es impresionante, lo es más el deterioro por la pintura que las personas aplican a las rocas. La atmósfera es capaz de amenazar por horas con lluvias torrenciales, y aunque a veces se presentan, generalmente las nubes permanecen en lo alto, no hay que detenerse por ello.

Cataviña, desierto rocoso, hay dos o tres hoteles, café y tiendas. Dormimos ahí, coincidiendo con una pareja canadiense que también atravesaban en bici la península. San Agustín no existe, sólo es un campamento de SCT y un trailer park abandonado.

Día 10. Cataviña-crucero (entronque a Bahía de los Ángeles) 103.5 Km.

Este tramo es sumamente plano, llega a ser monótono, pero es totalmente sencillo de recorrer. Pasamos tres lugares donde había gente, dos tiendas, lo demás está vacío porque es parque nacional.

En el crucero a Bahía de los Ángeles hay un café instalado en el año de la visita, 2002, y unas pocas casas, nada más. Al otro lado de la carretera un edificio vacío, con un techo donde se puede tender la tienda, pero con cuidado porque la lluvia (llovió por la noche lo que amenazaba el día anterior) escurre y se moja el piso. Dormimos ahí después de la cena (hamburguesas). Es muy recomendable visitar Bahía de los Ángeles, desde la transpeninsular son 68 kilómetros que se recorren (según referencias de otras personas) normal.

Día 11. Crucero (entronque a Bahía de los Ángeles)-Guerrero Negro. 130 Km.

La mañana siguiente volvimos a optar por el transporte motorizado hasta Guerrero Negro (130 Km.), para ajustar nuestros tiempos. Habíamos calculado menos tiempo del necesario. Usamos autobús del crucero a Guerrero Negro (cuesta como cien pesos). Para recorrer en bici, el camino es de con subidas y bajadas, sería bien importante aprovechar el tramo Cataviña-crucero, plano y cómodo, para avanzar todo lo posible y tomar con calma un tramo antes de llegar a Guerrero Negro, por esas condiciones de pendiente. Las ballenas se pueden ver en enero y diciembre, otros meses ni siquiera trabajan las cooperativas, de manera que Guerrero N. no es más interesante que los pequeños asentamientos anteriores, sólo vale la pena dedicarle tiempo si se visitan las ballenas. Dormimos ahí después de reparaciones (si hay taller para bicicletas), comer, comprar lo necesario y cenar.

Día 12. Guerrero Negro-Vizcaíno. 80 Km.

Un prolongadísimo tramo plano, sin casas, ranchos, tiendas, animales ni nada. Son 80 Km. hasta un pueblucho llamado Vizcaíno y ahí fue donde se terminó mi viaje. El vacío y la lejanía son aplastantes.
Desde ahí viajé, durante 9 horas, a La Paz. Después de una noche ahí, tomé un transporte más hacia Los Cabos donde abordé mi vuelo de regreso.

Ecoturismolatino agradece a Daniel Morales por compartir su experiencia con nosotros.